Diario de un escritor en marcha: IA; ¿herramienta o musa?
Introducción
Durante mucho tiempo he evitado hablar de la inteligencia artificial aplicada a la escritura. No por falta de interés, sino porque parece que usarla es un crimen, te quita de la etiqueta de escritor y te pone la de impostor.
En cuanto se menciona, hay que elegir bando:
o estás a favor de que “las máquinas escriban libros”,
o estás en contra de todo lo que huela a tecnología.
Yo no estoy en ninguno de esos extremos. Entiendo que el espacio que está ocupando en la industria es dañino, inundando de títulos el mercado y creando mediocridad y desconfianza. Pero eso es otra historia en la que no me voy a meter hoy. Este capítulo del diario va de cómo uso la IA como herramienta, no como sustituto.
La escritura sigue siendo el núcleo
Lo primero que quiero dejar claro es esto: las ideas, los personajes, las decisiones narrativas, el tono, los silencios… la escritura, en definitiva. Todo eso sigue saliendo de mí.
La IA no escribe mis novelas. No decide qué historia contar ni cómo contarla. Tan solo me acompaña en el proceso.
Corregir sin perder el control
Uno de los usos más valiosos que he encontrado es la corrección.
No para reescribir, sino para:
- corrección ortotipográfica
- Detectar repeticiones o frases confusas
- problemas de ritmo
- incoherencias pequeñas que se escapan tras muchas relecturas
No le pido que “me lo haga mejor”. Le pido que me señale dónde hay que mirar.
La decisión final sigue siendo mía.
Maquetar, ordenar, limpiar
Otra parte del trabajo del escritor no es literaria, pero es imprescindible:
formato, estructura, presentación.
Aquí la IA funciona como un asistente. No es muy diferente al proceso con una editorial, me gustaría tener detrás un equipo humano para este trabajo, pero la realidad es que estoy solo y con recursos limitados. Yo escribo, edito, corrijo, maqueto, diseño y creo las portadas, publicito, llevo las redes sociales… yo soy todo el equipo y contar con la ayuda de la IA, la verdad, es un alivio.
No crea contenido. Te ahorra tiempo.
Documentarse
Cuando una historia necesita datos concretos —fechas, contextos, detalles técnicos— la IA se convierte en una primera capa de documentación. Es una forma de investigar sin romper el ritmo creativo. Eso no evita que debas contrastar lo que te propone, es una máquina y te aseguro que se equivoca.
El verdadero límite
Para mí, el límite está claro: en el momento en que dejas de escribir, de decidir, cuando delegas en la IA, dejas de ser escritor para convertirte en mero productor de contenido.
La IA es útil mientras no te sustituya. Mientras no escriba por ti.
Cuando eso ocurre, el problema no es la herramienta, el problema eres tú.
Escribir acompañado no es hacer trampas
Los escritores siempre han usado herramientas: diccionarios, correctores, editores, lectores cero.
La IA es una más.
Distinta, sí.
Potente, también.
Pero sigue siendo eso: una herramienta.
El trabajo sigue siendo sentarse, escribir, dudar, borrar, corregir y volver a empezar.
Conclusión
No eres menos escritor por usar IA; siempre que seas tú quien escribe. ¿Tú que opinas? ¿La usas? ¿cómo? Te leo en los comentarios.
Ignacio Chavarría
Escribiendo. Contrastando. Avanzando.