Diario de un escritor en marcha: publicar… y que no pase nada
Introducción
Publicas un libro.
Después de meses —a veces años— escribiendo, corrigiendo, revisando, dudando, reescribiendo… llega el momento. Cierras los ojos y pulsas el botón. Tu libro es libre. Existe.
Y entonces esperas.
Esperas que alguien lo vea, que alguien lo compre, que alguien diga algo.
Y no pasa nada.
El momento después de publicar
Nadie te prepara para esto. Durante todo el proceso previo, la sensación es de avance constante: escribes, corriges, tomas decisiones, aprendes. Siempre estás haciendo algo. Tu mente está pendiente del libro, de los personajes, del ambiente, la trama, los detalles. Pero cuando lo publicas, todo se para, te sientes vacío.
El libro ya no depende de ti. O eso crees.
Entras en Amazon. Miras estadísticas. Refrescas. Sales. Vuelves a entrar. Y todo sigue igual.
El insoportable silencio
Al principio piensas que algo ha fallado. “Seguro que no se ve bien”, “Igual la portada no funciona”, “Quizá el título no engancha”.
Puede que algo de eso sea cierto, o puede que no. La realidad es más simple y más dura:
Nadie sabe que tu libro existe.
No hay ningún algoritmo esperando a impulsarlo; no hay lectores pendientes de tu lanzamiento; no hay cola en la puerta. Solo hay silencio. Empiezas a pensar que a nadie le importa lo que has escrito. Te das cuenta de que Amazon no es la panacea y que publicar es solo el principio de un arduo trabajo que nada tiene que ver con escribir.
La trampa de las expectativas
Antes de publicar, uno se imagina escenarios. No hace falta pensar en miles de ventas, pero sí en algunas compras, algún comentario o reseña, una señal de que hay vida ahí fuera. Pero cuando eso no llega, aparece una sensación extraña: quizás no de fracaso… pero se le parece mucho porque sabe igual de amargo.
Publicar no es el final
Este es uno de los aprendizajes más importantes:
Publicar no es el final del proceso. Es el principio de otro.
Hasta ese momento eras escritor. A partir de ahí eres también tu jefe de prensa, tu editor, tu vendedor, tu publicista y tu experto en márquetin.
Y eso no siempre encaja con la idea romántica que tú tenías sobre el oficio de escribir.
Seguir sin respuesta
¿Qué haces entonces?
Seguir escribiendo otro libro.
Seguir hablando en redes de tu libro.
Seguir corrigiendo.
Seguir aprendiendo.
Sí, eso y más; sin aplausos, sin validación, sin señales claras de que vas bien, sin saber a veces si lo que haces solo te importa a ti.
Ahí es donde la mayoría abandona.
Lo que estoy aprendiendo
Estoy empezando a entender algo que antes no sabía: el silencio no significa que estés haciendo algo mal, solo que estás al principio, que te queda mucho que aprender, que hay muchas disciplinas de las que no sabes nada. El principio, casi siempre, es invisible.
Cambiar el punto de vista
Poco a poco intento cambiar el enfoque; en lugar de preguntarme: “¿Por qué no pasa nada?”
Intento preguntarme: “¿Qué puedo hacer ahora para que pasen cosas?”
Esa pregunta me permite avanzar.
Conclusión
Publicar un libro y que no pase nada no es una excepción.
Es lo normal.
Lo raro sería lo contrario.
La diferencia no está en evitar ese momento, sino en qué haces después de él.
Yo, de momento, sigo intentando dejar de ser invisible. Gracias por estar al otro lado. Nos leemos en el siguiente capítulo.
Ignacio Chavarría
Escribiendo. Publicando. Esperando… y avanzando.
Ignacio, javer iakar (querido amigo, en Hebreo)
Todos tus anhelos, tristezas, amargaduras, dudas y …que detallas, son peripecias de un escritor, sin tener en cuenta la calidad de sus creaciones.
¿Dejar de escribir? NUNCA
Así lo pienso y así lo escribo
Shalom
Si Beto, escribir es la razón 😉
No estás solo, Nacho.
Que no haya comentarios solo habla de nuestra (mi) pereza como escritores de reseñas.
Aunque no niego una parte importante de cariño, yo te leo con asombro y quizás con cierta envidia por tu perseverancia y tenacidad. Pero sobre todo, con el interés de ver cómo poquito a poco se pule un escritor (a veces más lento, a veces más rápido… pero siempre hacia delante).
Ánimo.
Ya lo sé Fernando, se que estais ahí. Pero muchas veces esta parte de escribir que no tiene nada que ver con escribir me desespera 🤷 un abrazo