Diario de un escritor en marcha: firmo con Editorial Cuadranta
Supongo que todos los que escribimos imaginamos alguna vez ese momento. El correo; la llamada; escuchar “nos interesa tu manuscrito”.
Después de varios años autopublicando y aprendiendo sobre la marcha, ha llegado para mí el momento de probar y aprender cosas nuevas:
Mi próxima novela «Curueño, tierra de paso» será publicada por Editorial Cuadranta.
Y creo que este diario también tenía que entrar en esa nueva etapa.
El envío de manuscritos: menos épico de lo que parece
Durante mucho tiempo pensé que el proceso de enviar manuscritos era casi una lotería, si os soy sincero me daba bastante pereza por un lado y por otro tenía cierta desconfianza mandar el libro a decenas de editoriales y esperar que se fijen en tí.
Al final me decidí a dar el paso, lo necesitaba, pero quería hacerlo bien. Antes de enviar nada intenté mirar algo básico:
- qué tipo de libros publicaban
- si encajaba mi manuscrito con su línea editorial
- si trabajaban con edición tradicional o coedición
- si realmente parecían cuidar los libros y los autores
No envié el manuscrito a muchas editoriales; de hecho creo que fueron cuatro o cinco. Prefería pocos envíos, pero bien dirigidos.
El momento del “sí”
Cuando llega una respuesta positiva, lo primero que haces es ilusionarte. Lo segundo, después de tomarte una cerveza a tu salud, al menos en mi caso, es desconfiar un poco. Y creo que eso es sano.
Volví a mirar la editorial con calma:
- opiniones
- catálogo
- trayectoria
- experiencias de otros autores
También quería tener claro algo importante: que se tratase de una editorial tradicional y no de un modelo encubierto de coedición.
La conversación con el editor
Después llegó la llamada con el editor. Me lo propusieron ellos y me pareció una forma excelente de empezar la relacción. Es muy importante, porque ahí empiezas a conocer de verdad con quien te comprometes; cómo hablan del libro, si han leído realmente el manuscrito, qué expectativas tienen, cómo entienden el trabajo editorial. Haces tus preguntas y ves que respuestas te dan.
En mi caso, la sensación fue buena desde el principio. No hablaban de vender humo ni de fórmulas mágicas; hablaban del libro, de lo complicado que es vender, de lo que esperan de ti, de tu compromiso y del suyo; eso me tranquilizó bastante.
Firmar un contrato también es parte del oficio
La ilusión no debería impedir leer bien un contrato. Creo que es importante decirlo; antes de firmar revisé:
- duración
- derechos
- compromisos
- condiciones económicas
- qué asumía yo y qué asumía la editorial
En este caso:
- yo no tengo que asumir gastos económicos
- la editorial se ocupa de corrección, edición, maquetación y producción
- también hay acompañamiento en promoción y presentaciones
Pero también existen compromisos por mi parte.
El compromiso de los cien libros
La editorial pide compromiso y espera que el libro sea mínimamente rentable, al menos que no de pérdidas. Para valorar esto marcan un objetivo claro:
vender 100 libros en cinco meses.
No lo vivo como una presión negativa, lo entiendo más bien como un reto, una forma de medir dos cosas: mi implicación como autor y la viabilidad real del libro. Yo tengo confianza en mi libro, no puedo pedir a nadie que confíe en mí si yo no lo hago. Si no se alcanza esa cifra, los ejemplares que no se vendan pueden devolverse. Y si el libro funciona y supera aproximadamente el 80% de esa previsión, pasará a formar parte estable del catálogo editorial.
Me parece un planteamiento bastante transparente y razonable.
Algo que también valoro: el acompañamiento
Editorial Cuadranta está en Valencia, pero desde el principio me han transmitido algo importante: cercanía. Tengo apoyo para mover el libro, asesoramiento y ayuda en posibles presentaciones en Valencia o Madrid si las necesito. Y eso, cuando vienes de hacer absolutamente todo tú solo, se nota muchísimo.
Lo que cambia… y lo que no
Firmar con una editorial no convierte mágicamente a nadie en escritor. Ni garantiza ventas. Ni elimina las dudas. Pero sí cambia algo importante: dejas de recorrer completamente solo ciertas partes del camino. Y después de años aprendiendo autoedición, promoción, maquetación y todo lo demás… la sensación es extraña. Buena, pero extraña.
El siguiente paso
Ahora empieza otra fase:
- corregir y maquetar con profesionales
- promoción
- preventa
- presentaciones
- lectores
- ventas reales
Y seguramente también nuevos errores y aprendizajes. Así que el diario continúa.
Gracias por seguir acompañándome en este camino. Nos leemos en el próximo capítulo.
Ignacio Chavarría
Escribiendo. Aprendiendo. Avanzando por nuevos caminos.