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Ignacio Chavarría Díaz

IGNACIO CHAVARRIA
DIAZ

Ficción breve para mentes inquietas

Diario de un escritor en marcha: presentar un libro

Firmar con una editorial produce una sensación curiosa; durante un momento parece que has llegado al final, pero solo es el principio. Has terminado la novela, un editor la ha leído, ha decidido apostar por ella, has revisado un contrato y has estampado tu firma. ¿Ya está?.

Pues no.

En realidad, acaba de empezar otra parte del trabajo. Una que, para alguien como yo, resulta bastante más complicada que sentarse delante del ordenador durante horas: salir de tu cueva y contarle a la gente que has escrito un libro.

Con Curueño, tierra de paso estoy precisamente en ese momento.

Una presentación no empieza el día de la presentación

Antes pensaba en la presentación de un libro como un acto bastante sencillo: eliges un lugar, convocas a la gente, te sientas delante de una mesa y hablas. Ahora veo que todo comienza bastante antes.

Hay que decidir dónde hacerlo, cuándo, quién te acompaña, a quién avisar, cómo conseguir que la noticia salga de tu círculo de familia y amigos y, sobre todo, qué quieres que ocurra durante esa hora.

Porque una presentación no consiste en sentarse delante de veinte, cincuenta o cien personas y contarles durante una hora de qué va el libro. Para eso ya está la sinopsis.

Elegir el lugar

El sitio importa.

No necesariamente tiene que ser una gran librería o un espacio espectacular. Creo que debe tener alguna relación contigo, con la obra o con los lectores a los que quieres llegar.

En una novela como Curueño, tierra de paso, el territorio tiene un peso enorme. Presentarla cerca de los lugares que aparecen en ella tiene un sentido que difícilmente tendría una sala anónima a cientos de kilómetros. Por eso elegí para la primera presentación un patio en una casa del pueblo. Lo adórnanos con luces y lo convertimos en una fiesta a la que los asistentes llevaron comida y bebida. Eso dio lugar a hablar después durante bastante tiempo sobre lo divino y lo humano con los lectores.

Pero también hay otras posibilidades: librerías, bibliotecas, centros culturales, asociaciones, ferias…

Y ahora, con el apoyo de la editorial, aparecen además opciones en otros lugares. Cuadranta está en Valencia y puedo contar con ellos para acompañarme y asesorarme en presentaciones allí o en Madrid. Lo malo, que en León me tengo que buscar la vida.

Supongo que cada presentación tendrá que ser diferente. Y eso también me parece interesante.

¿Solo o acompañado?

Esta es otra decisión que no parece importante hasta que empiezas a organizar el acto.

Puedes presentar tú solo el libro. Pero contar con alguien que te acompañe puede convertir un monólogo en una conversación.

No creo que esa persona tenga que ser necesariamente otro escritor.

Puede ser alguien relacionado con el territorio, con la cultura, con el tema del libro o simplemente alguien que lo haya leído y sea capaz de hacer buenas preguntas.

Para mí hay una condición fundamental: que conozca el libro.

No busques a alguien que lea la contraportada cinco minutos antes y después pregunte aquello de «¿qué hay de autobiográfico en la novela?».

Prefiero una conversación.

¿Qué cuento sin destripar el libro?

Probablemente esta sea una de las cosas que más estoy pensando y que mas problema me crea. Hay que despertar interés sin contar la historia; y eso, en mis libros, no es facil.

Hablar de dónde nació la idea, de los lugares, de los personajes, de la documentación, de alguna anécdota durante la escritura. Incluso leer un fragmento breve. Pero dejar cosas sin explicar e intentar evitar que, quien lo haya leído, haga preguntas indiscretas 🙂

El objetivo no debería ser que quien salga de la presentación conozca el libro. Debería ser que quiera conocerlo.

Y hay que conseguir que venga gente

Aquí volvemos a la promoción. Puedes organizar una presentación estupenda y encontrarte delante de seis sillas ocupadas. Así que toca avisar. Redes sociales, por supuesto. La web. Carteles si el ámbito es local. Asociaciones culturales. Bibliotecas. Clubes de lectura. Amigos y conocidos. Pero también medios de comunicación.

Y esto es algo en lo que quiero empezar a trabajar mejor.

Escribir a periódicos, radios y medios locales

Una presentación de un libro puede no ser noticia para un gran periódico nacional, pero sí puede serlo para un periódico provincial, una radio local o una publicación cultural. Especialmente cuando existe una conexión entre autor, libro y territorio.

La idea no es mandar un correo diciendo:

«Hola, he escrito un libro. ¿Podéis hablar de él?».

Hay que facilitarles el trabajo. Preparar una pequeña carpeta de prensa con información clara:

  • quién eres;

  • qué libro presentas;

  • una sinopsis breve;

  • por qué puede resultar interesante para sus lectores;

  • fecha, hora y lugar de la presentación;

  • fotografía del autor;

  • portada del libro;

  • datos de contacto.

Y hacerlo con tiempo, porque si lo haces el día anterior posiblemente no se publique. Este asunto de cómo preparar una nota de prensa y contactar con los medios da para otro capítulo, porque tiene sus propias reglas, y no seguirlas te lleva al fracaso.

La presentación tampoco debería terminar al levantarse de la mesa

Después llegan las conversaciones. Y, cada vez más, creo que esa es la parte importante. Ya he contado alguna vez en este diario que me interesan mucho más los lectores que se acercan y hablan conmigo de un personaje o de algo que no han entendido que una estrella más o menos en una plataforma. Es en ese espacio cuando puedes dar detalles a los lectores que lo han leído, incluso a los que leyeron otros libros tuyos.

Una presentación permite precisamente eso. Poner caras a quienes leen y que ellos te conozcan. Escuchar preguntas que nunca te habías planteado. Descubrir que una escena aparentemente secundaria para ti ha significado muchísimo para otra persona. Y, naturalmente, firmar libros.

¿Y vender?

Sí. También se trata de vender libros. No creo que haya que avergonzarse de decirlo.

La editorial ha apostado por Curueño, tierra de paso y yo he adquirido un compromiso. En mi caso, conseguir vender cien ejemplares durante los primeros cinco meses forma parte de ese acuerdo. Así que las presentaciones, la prensa, la web, las redes y todo lo que haga alrededor del lanzamiento tienen también un objetivo comercial.

La diferencia, al menos para mí, está en cómo hacerlo. No quiero perseguir a nadie para que compre un libro. Quiero intentar que suficientes personas sepan que existe y tengan motivos para querer leerlo.

Parece lo mismo, pero no lo es.

Salir de la cueva

Esta parte de la carrera de escritor me obliga a hacer cosas que no me resultan especialmente naturales, incluso que a veces no me gustan. Hablar en público. Contactar con desconocidos. Presentarme ante medios. Pedir espacios. Explicar por qué alguien debería prestar atención a mi novela.

Pero también forme parte del oficio. Durante meses el escritor trabaja encerrado con una historia que no existe para nadie más y tarde o temprano llega un momento en que tiene que abrir la puerta. Yo estoy justo ahí.

Con Curueño, tierra de paso debajo del brazo y empezando a descubrir qué ocurre en esta etapa. Y lo iré contando.

Ignacio Chavarría

Escribiendo. Publicando. Y saliendo de la cueva.

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