El Tejedor no es un dios, aunque muchos lo llamarían así. Tampoco es una entidad única, ni necesariamente consciente en el sentido humano. Es aquel que dispone, ordena y ensambla.
Las antiguas culturas hablaron de él como de un artesano del mundo. Un constructor paciente que no crea desde la perfección, sino desde la repetición del error. De su labor surgieron los cronohilos, las esferas, el tapiz. Y con ellos, la necesidad de vigilantes.