Aurora boreal
Autora: Åsa Larsson
Editorial: Seix Barral
Año de publicación: 2003 (edición original)
Género: Novela negra · Thriller · Novela policíaca
Introducción
En Aurora boreal, Åsa Larsson nos lleva hasta Kiruna, en el extremo norte de Suecia, un territorio de nieve, oscuridad y temperaturas extremas donde aparece brutalmente asesinado Viktor Strandgård, una figura destacada de una comunidad religiosa.
El crimen provoca el regreso de Rebecka Martinsson a la ciudad en la que creció y de la que lleva años alejada. Lo que comienza como la necesidad de ayudar a una antigua amiga termina obligándola a enfrentarse también a un pasado que creía haber dejado atrás.
Pero Aurora boreal no se sostiene únicamente sobre la investigación de un asesinato. Larsson dedica buena parte de la novela a construir a sus personajes, sus relaciones y sus contradicciones. El crimen importa, pero también importa quiénes son las personas que lo rodean, qué callan, qué temen y qué heridas arrastran.
Y alrededor de todos ellos está Kiruna. El frío, la nieve y la oscuridad del invierno sueco no funcionan como un simple escenario, sino como una presencia constante que condiciona la historia y a quienes la habitan.
Lo que me provocó como escritor
Como escritor, una de las cosas que más me ha gustado de Aurora boreal es la forma en que Åsa Larsson trabaja a sus personajes. No se limita a explicarnos qué sienten, sino que nos introduce en sus pensamientos y permite que sea eso lo que nos ayude a comprenderlos.
Pensamientos, recuerdos, temores o reacciones aparentemente insignificantes terminan diciendo mucho más que una descripción directa. Esa manera de construirlos hace que resulten humanos, contradictorios y, sobre todo, creíbles.
También me ha interesado especialmente el tratamiento del entorno. Leyendo Aurora boreal se siente el frío.
La nieve, la oscuridad, las carreteras heladas, las casas… Larsson no está describiendo simplemente un paisaje nevado; consigue que entendamos cómo es vivir allí. El frío condiciona los movimientos, los tiempos y hasta el estado de ánimo de los personajes. Kiruna acaba convirtiéndose así en otro personaje de la historia.
Pero quizá lo que más me ha interesado desde el punto de vista narrativo sea el manejo del ritmo.
Al principio todo sucede lentamente. Larsson se toma su tiempo para presentarnos a los personajes, permitirnos entrar en sus vidas y mostrarnos aquello que sienten y aquello que ocultan. No parece tener ninguna prisa por llegar al siguiente acontecimiento.
Y, casi al final, comienza a acelerar. Las piezas que ha ido colocando durante la primera parte empiezan a moverse, los acontecimientos se precipitan y la novela cambia de ritmo sin que nos demos cuenta. Aquella lectura pausada del principio se ha convertido en una historia que te lleva a decirte constantemente: una página más.
Me parece especialmente difícil conseguir ese cambio de velocidad sin que resulte artificial. Larsson lo hace aprovechando todo lo que ha construido previamente. Cuando llega la acción ya conocemos a los personajes y nos importa lo que pueda ocurrirles. Por eso funciona.
Como escritor, es probablemente la enseñanza que más me llevo de Aurora boreal: acelerar una historia no significa necesariamente que tengan que ocurrir más cosas desde el principio. A veces hay que detenerse primero, construir personajes y atmósfera y conseguir que el lector se preocupe por ellos. Después, cuando todo empieza a derrumbarse, la velocidad llega sola.
¿La recomiendo?
Sí. Aurora boreal es una muy buena novela negra, pero creo que puede gustar también a quienes buscan algo más que resolver un asesinato que parece estar en segundo plano en muchos momentos de la novela.
Hay crimen, investigación y suspense, pero también personajes bien construidos, secretos, religión, culpa y un escenario que impregna toda la historia. Åsa Larsson consigue que el lector entre lentamente en ese mundo helado para después ir cerrando la historia a su alrededor hasta llevarlo a un tramo final difícil de abandonar.
Una novela que comienza pidiendo paciencia y termina haciendo exactamente lo contrario: impedirte dejar de leer.