Una mañana entre libros en La Vecilla del Curueño
III Feria del libro de La Vecilla del Curueño
Hay encuentros que me recuerdan por qué merece la pena seguir escribiendo. La Tercera edición de la Feria del Libro de La Vecilla ha sido uno de ellos. Un espacio donde lectores, escritores, editoriales y libreros comparten mucho más que libros: comparten conversaciones, experiencias y la ilusión de seguir haciendo de la literatura un lugar de encuentro.
Acudí interesado por la mesa redonda sobre el thriller y la novela negra que comenzó con la presentación organizada por Marciano Sonoro, de la mano de su editor, Jesús Palmero, que dio paso a Javier Pérez y a su novela Lo que late bajo el hielo. Javier nos habló de sus viajes, de cómo muchas de sus vivencias terminan encontrando un lugar en la ficción y de ese equilibrio entre realidad e imaginación que caracteriza a los buenos thrillers.
Después llegó el turno de Cristina Flantains, autora de La llave, una novela que tuve la oportunidad de leer hace unos meses y que ya recomendé en este blog. La conversación fue mucho más allá del libro para adentrarse en el papel de los clubes de lectura, las bibliotecas y los bibliobuses como herramientas fundamentales para acercar la cultura al mundo rural. También hablamos del futuro de nuestros pueblos y de cómo determinadas palabras pueden acabar condicionando la manera en que miramos el territorio.
La mesa la cerró Carlos Barros, presentando Estatuas en la nieve, una novela policiaca ambientada en León que combina una investigación actual con otra situada hace ochocientos años, demostrando una vez más el enorme potencial narrativo que posee nuestra tierra.
Más allá de las presentaciones, fue un placer recorrer los puestos de las editoriales y librerías presentes, descubrir nuevas propuestas y conversar con personas que siguen creyendo en los libros como una forma de entender el mundo. En un momento en el que todo parece acelerarse, estos encuentros nos recuerdan que la literatura sigue necesitando tiempo, cercanía y diálogo.
Quiero agradecer especialmente la acogida de Marciano Sonoro y de Jesús Palmero. Siempre resulta enriquecedor conocer el trabajo que hay detrás de una editorial independiente y descubrir a las personas que dedican su esfuerzo a seguir apostando por nuevos autores y por una literatura de calidad.
La Concejalía de Cultura de La Vecilla vuelve a demostrar que la cultura también pertenece a los pueblos. Bajo la piedra del Torreón, entre conversaciones y libros, uno sale con la sensación de que la literatura sigue encontrando lugares donde echar raíces.